Dave Dombrowski y Jim Leyland. (Paul Sancya/AP)

BOSTON - "Algún día no habrá más fronteras y hombres como tú se irán, como los Mohicanos. Y vendrá gente nueva a luchar, a forcejear…." No, eso no lo dijo Jim Leyland.

Esa es más bien una frase expresada por 'Chingachgook', que de acuerdo al legendario libro de James Fenimore Cooper -recuento de la batalla francesa y británica por el control de Norteamérica en 1757-, fue genuinamente "El último de los Mohicanos".

Viene a la mente el recuerdo de esa obra inmortal de la literatura ahora cuando se retira uno de los grandes de toda una era de excelentes dirigentes que poco a poco han venido diciendo adiós, de una manera más bien rápida, sorpresiva y relampagueante, en los años más recientes.

Lou Piniella, Joe Torre, Bobby Cox, Tony La Russa, Davey Johnson y ahora Jim Leyland, el hombre que por tantos años dirigió con mucho éxito en el Béisbol de Lujo, más recientemente a sus Tigres de Detroit, tricampeones reinantes de la División Central de la Liga Americana.

"Cuando llegué aquí, lo único que quería era la oportunidad y ustedes [los Tigres] me dieron eso", proclamó Leyland al anunciar su retiro en la mañana del 21 de octubre. "Espero que hagan lo mismo con su próximo dirigente".

Seleccionado como el 36to capataz en la historia de los Tigres el 4 de octubre de 2005, Leyland guió a la novena de la Ciudad Automotriz a 700 victorias, cifra apenas superada en la historia de la franquicia por Sparky Anderson (1,331) y Hughie Jennings (1,131).

Ganar es un verbo que se identifica plenamente con Leyland, que cuelga los spikes a los 68 años de edad. Sus 1,769 triunfos lo colocan en el 15to puesto de la historia de las Grandes Ligas, un peldaño detrás de Piniella (1,835 victorias) en esa misma lista.

En sus 22 temporadas como mánager, guió a su equipo a la postemporada en ocho ocasiones diferentes. Llevó a los Piratas de Pittsburgh a tres títulos divisionales seguidos de 1990 a 1992, y fue el manejador de los entonces Marlins de la Florida cuando ganaron su primera Serie Mundial en 1997.

Con los Tigres, una de las franquicias con tradición más esplendorosa en la Liga Americana, Leyland fue enorme en la reconstrucción de una novena que estaba de capa caída para conducirla a las Series Mundiales de 2006 y 2012. De hecho, es apenas el tercero en la historia de esa organización -aparte de Jennings y Mickey Cochrane- capaz de llevarla en más de una ocasión al Clásico de octubre.

A dos años de las siete décadas de vida, Leyland lucía cansado y agobiado por el trajín de otra temporada, pero nunca viejo ni acabado sino más bien lleno de energía, cuando se dirigió a la prensa especializada en Oakland al comenzar la Serie Divisional de 2013 frente a los Atléticos.

"Soy lo suficientemente astuto para saber que estoy viejo", contestó en esa ocasión a una pregunta de David Venn, de LasMayores.com, en torno a si sentía que había una brecha muy grande entre su generación y dirigentes de la actual camada de pilotos, algunos de los cuales llegan directamente al Béisbol de Lujo con poca o ninguna experiencia en las ligas menores.

"Disfruto lo que hago y creo que a ellos -los Piniella, Torre, La Russa, Cox, Johnson - les ha ido muy bien. Obviamente, Jack McKeon es una prueba bastante buena de que usted puede ser viejo y ganar una Serie Mundial". McKeon lo hizo con los Marlins en 2003 a los 72 años.

Esa respuesta retumba en este momento en la mente de un humilde periodista porque de la misma se deriva quizás que Leyland no estaba del todo listo para decir adiós, aunque ahora nos enteramos que la decisión de renunciar ya se la había comunicado al alto mando de los Tigres el pasado 7 de septiembre. En otro aparte de esa misma respuesta, empero, sí hubo algunos indicios de lo que podía esperarse de su futuro como dirigente.

"Ciertamente no sería un mánager que me fuese a algún sitio a reconstruir", dijo Leyland en aquella Conferencia de Prensa del 5 de octubre. "No sería del tipo de dirigente que para nada fuera parte de éso" [moldear un equipo joven].

No es que los Tigres vayan a ser en 2014 un equipo en construcción, sino más bien son todo lo contrario, pero esa respuesta reflejaba claramente que Detroit iba a ser la última parada en la sobresaliente trayectoria de Leyland. Que la decisión de irse se produjera ahora sí es una sorpresa, de cierto modo, porque bajo su batuta los felinos rayados atraviesan por uno de los mejores momentos de su historia.

Una cosa es cierta: Leyland nunca tuvo pelos en la lengua a la hora de contestar una pregunta. Todo lo contrario, la escuchaba detenidamente con el fin de producir una respuesta usualmente directa, profunda y sincera sobre el tema abordado.

Por ejemplo, cuando los Tigres acudieron a la postemporada de 2012, una de sus piezas más jóvenes era el promisorio jardinero venezolano Avisaíl García, que había destacado en aquella recta final con los Tigres, pese a ser ascendido a las Ligas Mayores con muy poca experiencia en la pelota profesional.

Ni corto ni perezoso, Leyland analizó que García tenía enorme talento y que iba a ser una futura estrella en las Grandes Ligas, pero que en ese momento aún estaba verde. Menos de 12 meses más tarde, con gran pesar para los Tigres, la gran promesa sudamericana tuvo que ser cedida en 2013 a los Medias Blancas de Chicago, pero en su lugar obtuvieron al cubano José Iglesias como parte de una transacción entre tres equipos. E Iglesias va a brillar por mucho tiempo como paracorto en Detroit. Para recibir calidad hay que dar calidad, resumiría Leyland hasta con una broma en su respuesta: no se puede obtener talento a cambio de un paquete de 'crackerjacks'.

Su buena relación con la prensa hasta se reflejó en su despedida como mánager al puntualizar que gozó mucho su trato con los Medios de Comunicación y que esperaba que también los mismos hubieran disfrutado de su presencia.

Era uno de los pocos dirigentes que se aproximaban para darle la mano a algún periodista que estuviera observando de cerca su práctica de bateo. Será extrañado. Y mucho. Afortunadamente se quedará en la pelota, quizás con los Tigres, en algún que otro cargo gerencial.

Piniella, Torre, Cox, La Russa, Johnson, ahora Leyland. Ya se van los últimos de una dorada generación de dirigentes, como se extinguía aquella valiente raza de los mohicanos.

Un paso más atrás queda Dusty Baker, que aunque ya no es el piloto de los Rojos de Cincinnati no ha expresado aún el deseo de retirarse. Tal vez sea actualmente "víctima" del nuevo concepto que predomina en las Ligas Mayores en lo que concierne a dirigentes: mientras más jóvenes mejor.

"Dusty Baker, tremendo mánager", diría el propio Leyland al censurar a comienzos de mes el despido de su gran amigo. "A veces, imagino que la gente lo que necesita es darle vuelta a la página".