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Ningún manager hizo un mejor trabajo que Bruce Bochy de los Gigantes en el 2012.

Pero cuando se trata de las votaciones para Manager del Año de la Liga Nacional, su fuerte también es una debilidad: Hace lucir muy fácil todo. Además, hay otros candidatos muy buenos.

La gente tiene la tendencia de subestimar a Bochy porque habla lentamente, expresa sus puntos de vista metódicamente y no parece estar interesado en acaparar los titulares. En ese aspecto, es similar a su jefe, el gerente general de San Francisco Brian Sabean.

Para entender lo ingenioso de Bochy es entender su trabajo, que es lograr que sus pupilos ignoren todo el ruido fuera del clubhouse y que jueguen duro todas las noches. Además, es convencerlos a poner al equipo por encima de todo.

También es comunicarse con los jugadores de manera franca y honesta para que ellos sepan que son importantes para él. Es convencerlos de la idea de que cada decisión se toma con el panorama general en mente.

Si empezaste a ver a los Gigantes en las últimas semanas de la temporada, es posible que no entiendas por completo la gran obra de Bochy en el 2012. Para la recta final, San Francisco ya era uno de los tres o cuatro mejores equipos de Grandes Ligas, un grupo claramente capaz de ganar la Serie Mundial por segunda vez en tres años.

Pero lo mejor de Bochy fue en los cinco meses anteriores, cuando tuvo que lidiar con lo siguiente:

--Se ausentó el cerrador Brian Wilson desde los entrenamientos, debido a una lesión en el codo de lanzar. También perdió a su mejor jugador ofensivo, el dominicano Melky Cabrera, quien fue suspendido por dopaje faltando 45 partidos por jugarse.

A pesar de dichas bajas, Bochy mantuvo enfocado a su equipo. Hubo por lo menos una reunión con los jugadores y docenas de charlas menos formales, que fueron su manera de hacerles saber a sus pupilos que aún tenían lo suficiente para ganar.

De manera brillante cambió las asignaciones en el bullpen, además de mover las fichas en su lineup titular. Al final encontró una excelente fórmula con el boricua Angel Pagán y el venezolano Marco Scutaro en los primeros puestos en el orden de bateo.

--Bochy fue astuto a la hora de manejar los problemas de Tim Lincecum y sus cuatro meses de mal pitcheo. Este tema de por sí pudo haber arruinado a los Gigantes del 2012; no hay manual que explique cómo ayudar a un estelar joven a superar la primera crisis de su carrera.

Bochy siguió dándole la oportunidad a Lincecum y, cuando se vio obligado a tomar una decisión con su roster para la postemporada, se atrevió a poner al derecho en el bullpen. En dicho rol Lincecum lanzó mejor que en cualquier otro momento de la campaña, ayudando a los Gigantes a ganar otra Serie Mundial.

--El capataz integró a dos jóvenes a la alineación titular, el torpedero Brandon Brawford y el primera base Brandon Belt. Les dio el trato indicado mientras ambos enfrentaron los tropezones normales de un inicio en Grandes Ligas.

--Integró fácilmente a un grupo de jugadores nuevos, incluyendo a Hunter Pence y Scutaro, quienes fueron adquiridos para la recta final. Los Gigantes siguieron siendo un grupo bien unido, algo que se le puede atribuir a la astucia de Sabean a la hora de adquirir a los nuevos y la habilidad de Bochy de fomentar el ambiente indicado.

Bochy será el primero en decir que pertenece a una gran organización. Los dueños gastan lo suficiente para poner un buen producto en el terreno, mientras que Sabean ha sabido construir una estructura sólida.

Los Gigantes del 2012, aun más que la edición que fue campeón en el 2010, fueron la clase de equipo que visualizaron Sabean y Bochy en la era después de Barry Bonds. El grupo que acaba de coronarse contó con velocidad y habilidad atlética para alcanzar los batazos en el espacioso AT&T Park, a la vez que corrieron de manera agresiva las bases.

Bochy puso a sus jugadores en posición de triunfar y logró que todos creyeran en la causa. Estamos hablando de un manager que tiene 37 años en el béisbol profesional y que tiene cientos de amigos en el juego.

Es fácil olvidarse de Bochy, con su tanto tiempo en la cueva y su tendencia de no "sazonar" sus logros. De manera calladita, ha forjado una carrera digna del Salón de la Fama.

Esta temporada fue un capítulo más.